Dijeron que, contrario a años
anteriores, los proyectos que se construyen deben tener verjas
perimetrales con alambres de trinchera, además de que una de las
exigencias más frecuentes de los adquirientes es que tenga una sola
entrada, ya que así es más fácil controlar quién entra o sale. Añadieron
que la tendencia es cerrar totalmente el residencial, de manera que
haya un mejor control de acceso. Señalaron, además, que los constructores cada vez más tienen que hacer inversiones para garantizar que el proyecto es seguro, por lo que también tienen que invertir en pagar vigilantes privados, sistemas de cámaras de seguridad, servicios de energía permanente para asegurar la iluminación, entre otras medidas. Los directivos de Acoprovi resaltaron que producto del auge de la delincuencia, inmediatamente empieza a ser habitado un residencial, ya sea de apartamentos o casas individuales, lo primero que sus residentes quieren es garantizar que vivirán en un lugar seguro.
Rafael Bisonó dijo que es por esa situación que cada día las empresas constructoras deben invertir más, además de que también tienen que brindar otros servicios como son agua potable, recogida de basura y mantenimiento de áreas verdes, entre otros. Expresó que si esos servicios no están garantizados, el proyecto “se desacredita”, porque generalmente son los propios residentes quienes recomiendan el lugar si es adecuado para vivir. Reveló que en uno de los proyectos levantados por la Constructora Bisonó el costo mensual en servicios de vigilancia es de más de un millón de pesos.
De su lado, el presidente de Acoprovi dijo que los mismos residentes de un proyecto también se unen para hacer de sus viviendas un lugar seguro, debido a que una casa o apartamento propio se convierte en objeto apreciado. No obstante, dijo que todavía en República Dominicana hay lugares que son seguros para vivir.
Fuente: www.hoy.com.do |